I CONGRESO NACIONAL DE
EDUCACIÓN EN VALORESConclusiones
Celebrado en Valencia (España) el 24,25 y 26 de febrero de 2005
La edad de emancipación de
los jóvenes españoles se sitúa en los 29 años
El consumo o la dificultad de acceso al empleo,
entre las causas del fracaso escolar
Los jóvenes españoles atraviesan en la
actualidad una difícil situación, marcada por los altos índices de fracaso
escolar y la creación de grupos cerrados, con conductas agresivas y de rechazo
al sistema, tal y como se ha puesto de manifiesto durante la última jornada del
I Congreso
Nacional de Educación en Valores, organizado por la
Fundación de la Solidaridad y
el Voluntariado de la Comunidad Valenciana (FSVCV) y la Universidad de
Valencia.
La última mesa redonda del
Congreso ha contado con la participación, entre otros expertos, del presidente
de Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra y del profesor titular de
la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia, Francisco Alcantud,
quien ha señalado que el rechazo social “está cada vez más extendido entre
los jóvenes porque la sociedad no les facilita el acceso al trabajo, ni a la
vivienda ni, en general, a un proyecto de vida”.
Esteban Ibarra ha atribuido
este tipo de situaciones al avance actual de las sociedades democráticas, donde
“imperan más los intereses de las empresas, basados en la lógica del
mercado; de los medios de comunicación, que dan más importancia a las
situaciones negativas que a sus posibles soluciones; y de la actuación del
Estado, que obra con cautelas, en conformidad con el poder establecido”.
Sin embargo, Ibarra ha
destacado que el avance de la democracia no es explicable sin la existencia de
una sociedad civil activa (ONG, asociaciones, fundaciones…) ya que su fortaleza
radica en “la lógica de la solidaridad y la conciencia de participación en
un proyecto común a partir del fomento de valores como la igualdad, la educación
y la transparencia”.
Las mujeres, más
empáticas
María Vicenta Mestre, decana de
la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia, ha subrayado durante su
intervención que estudios recientes revelan que la empatía es “una
cualidad más extendida entre las mujeres que en los hombres, cuyos valores están
más orientados al interés personal”, lo que influye en las actitudes
agresivas, ya que “los sujetos más inestables emocionalmente, con menos
recursos para frenar la impulsividad, son los más propensos a la agresividad,
mientras que los adolescentes más empáticos son más prosociales y, por tanto,
menos agresivos”.
Por su parte, el vicerrector de
la Universidad de Valencia y profesor del Departamento de Sociología y
Antropología Social de la Universidad de Valencia, Antonio Ariño, ha pronunciado
la conferencia que ha cerrado el Congreso, previa a la lectura de conclusiones,
donde ha analizado los efectos de la inmigración en la educación intercultural
en España y ha ofrecido datos de encuestas recientes, que revelan “una
clara ambigüedad y dilemas morales entre los ciudadanos”.
Así, aunque la mayoría de los
encuestados asegura tratar con normalidad a los inmigrantes, son muchos los que
consideran que “los españoles los tratan con desconfianza, desprecio o
indiferencia”, dice Ariño, aunque sólo un 11 por ciento de los
encuestados “responde con un rechazo rotundo a la inmigración”.
Conclusiones del
Congreso Nacional de Educación en Valores
Con respecto a las
conclusiones que se han ido estableciendo durante tres días, a través de las
cuatro conferencias y tres mesas redondas, impartidas por diecinueve ponentes y
con la activa participación de los 217 asistentes:
Entre las ideas que se han
puesto sobre la mesa destaca la de que los ciudadanos somos responsables de
un problema de salud pública como los accidentes de tráfico, que no se
producen por ignorancia sino por la ausencia de respeto a las normas de tráfico
y, por tanto, a las normas de comportamiento en sociedad. O, también, que
problemas como la anorexia se deben al rango superior que se otorga estética
frente a la ética, a pesar de que la estética nos viene dada mientras que la
ética la forjamos.
Los principios son
universales, los valores cambian
Los grandes principios
universales (justicia, libertad, igualdad, fraternidad, amor, justicia,
solidaridad, etc.) son atemporales. Los valores, la forma de
jerarquizar estos principios, evolucionan. Los valores no se “pierden”,
cambian.
En este sentido, el objetivo es
alcanzar la sociedad pluralista, en la que distintos códigos morales
comparten unos mínimos comunes, lo que permite el respeto y la convivencia.
Y no perder de vista que los
esquemas estereotipados tienen doble filo: facilitan la comprensión y
comunicación con el entorno, pero contribuyen a mantener prejuicios sociales
basados en la jerarquización de grupos humanos.
La responsabilidad
empieza en casa
La educación comienza en la
familia, donde se aprenden conductas, roles y las formas de reaccionar ante
conflictos. Se ha comprobado la importancia de la dimensión afectiva en las
relaciones familiares. El estilo educativo familiar basado en el amor
(evaluación positiva del hijo/a, interés y apoyo emocional) junto con la
coherencia en la aplicación de las normas, se traduce en principios de
igualdad y orientación a las necesidades del otro.
También se ha puesto de
manifiesto que aunque la familia ha cambiado mucho, en España sigue siendo un
encuentro entre generaciones, donde los abuelos juegan un papel de
“guardianes” de la estabilidad familiar.
La educación continúa en la
escuela, donde se postula la conducta modélica del docente, el uso de
las normas para ejercitar el autocontrol, la participación en la
toma de decisiones, la promoción de la reflexión, la enseñanza de la
empatía, de la solución y gestión de conflictos, el razonamiento
prosocial, la regulación de las emociones, etc.
Asimismo, el “grupo de
iguales” marca su socialización y actitudes. Y no olvidemos que la
sociedad fomenta en los jóvenes la atracción por el riesgo y la
sobrevaloración de sus propias capacidades.
Propuestas para mejorar:
-
Enseñar a “degustar” los valores. No enseñarlos ni imponerlos,
darlos a probar como una forma de vivir la vida, de afrontar las situaciones y
de actuar.
-
Dotar a los jóvenes, durante su educación, de un sentimiento de
autoeficacia y competencia personal, fomentar su inteligencia social y
emocional y desarrollar su capacidad de definir metas y creencias
compatibles con los demás.
-
Dotar a los educadores de materiales, estrategias y recursos para
que puedan desarrollar esta escuela de convivencia en el aula.
-
El voluntariado es una forma de entender la vida, de construir una
sociedad más humana, de erradicar situaciones de exclusión social, de desvelar
sus causas y de movilizar a las personas para eliminarla.