La
Mota “el lugar” del que Saavedra
no quiso acordarse.
Después
de los fastos del 4º centenario del Quijote, en
donde se nos ha insistido hasta la saciedad sobre la
importancia de la obra, de los lugares, de la ruta y
de su repercusión turística y económica, me he
decidido a re-leer (en la escuela cuando era pequeño
me obligaron por primera vez a leerlo), el Ingenioso
Hidalgo D. Quijote de la Mancha. Esta vez con
detenimiento y con especial atención en descubrir
señales que indiquen cuál es ese lugar del que el
célebre autor no quiso acordarse.
Previamente he procurado documentarme sobre lo que
opinan los diferentes estudiosos de la insigne obra
y la defensa que hacen de los diferentes pueblos de
la Mancha que pretenden ser “El lugar” del que
Saavedra no quiso acordarse, como lo son: Esquivias
(que no pertenece a la Mancha, sino a la Sagra de
Toledo), Argamasilla de Alba, o Argamasilla de
Calatrava, Tirteafuera, Quintanar de la Orden,
Mota de Cuervo, Miguel Esteban, Alcázar de San
Juan, Villanueva de los infantes
y Santa Maria del Campo Rus, en la Mancha Alta
de Cuenca, y no me queda más remedio que dar crédito
al muy insigne escritor y D. Luis Astrana Marín que
abogaba por Mota del Cuervo como sitio destacado de
entre esos posibles lugares.
Lo
que es seguro, es que el autor de la insigne novela,
tras su liberación el 19 de septiembre de 1580 por
el trinitario fray Juan Gil, (cuya Orden se ocupaba
en liberar cautivos), de las garras de Azán-bajá en
Argel, mediante el pago de 500 escudos de oro,
cuando estaba a punto de embarcarse como esclavo, y
con grilletes, a Constantinopla. A sus casi 33 años
de edad, el 27 de octubre de 1580 llegó libre
Saavedra al puerto de Denia (Alicante), de donde
pasó a Valencia y luego, a finales de Diciembre de
ese año llegó a Madrid, habiendo pasado
posiblemente, por los conventos trinitarios a su
paso hasta la ciudad, debido a la penuria económica
que el autor del Quijote atravesaba tras su
liberación.
No
en vano, Saavedra tuvo que hacer frente a parte del
dinero que el trinitario Fray Juan Gil había
recaudado entre los mercaderes españoles en Argel
para completar los 500 escudos de su liberación. Su
situación económica era muy precaria en ese momento,
por lo que no tuvo más remedio que ser solícito y
agradecido con los padres Trinitarios, haciendo en
su viaje a Madrid, parada y fonda en el convento de
los Trinitarios de Mota del Cuervo, según asegura
D. Luis Astrana Marín (el más completo investigador
y estudios de la obra de Saavedra). Mota del Cuervo,
con sus entonces 12 molinos de viento, con su famoso
hospital, que atendía entre otros a los peregrinos
de Santiago en la ruta del Camino de Levante. y su
casa de la Inquisición construida en el 1438, era
por aquel entonces una importante encrucijada de
caminos con portazgos establecidos (actualmente
reforzado, incluso, por la por nueva autopista de
pejae, y que equivale en carreteras, a lo que es
Alcázar de San Juan como nudo ferroviario). En Mota
del Cuervo concurren: el carril de los valencianos o
de los pimenteros (murcianos), el camino a
Andalucía (actualmente la carretera N420
Córdoba-Tarragona), que en Mota del Cuervo se cruza
con el Camino Real (tan citado en el Quijote) o
Carretera de Madrid a Cartagena (N-301).
Saavedra tenía un gran conocimiento de las
costumbres y lugares de la Mancha, no solo por este
viaje y estancia, sino por sus continuos viajes a
través de la misma, ya que en 1590, después de
miserables empleos, tuvo que soportar hasta finales
de siglo, un continuo vagabundeo mercantilista por
el sur de España (estuvo en Écija, Castro del Río,
Cabra, Úbeda, Estepa…) y por razón de su matrimonio
con Dª Catalina de Salazar estuvo muchas veces en
Esquivias (Toledo) y más tarde en 1602, hay quien le
da nuevamente en la cárcel de Sevilla (donde ya
había cumplido condena de varios meses en 1597, por
no poder hacer frente a la cantidad recaudada por
razón de su oficio).
Pero para argumentar mi candidatura al “lugar” de
la Mancha del que Saavedra no quiso acordarse, me
ceñiré exclusivamente a los datos que el
autor arroja en su célebre novela. Observamos varias
señales que abundan en fijar el “lugar de la
mancha” en una aldea muy próxima al Toboso.
Tanto que Sancho Panza, natural del mismo “lugar”,
dudaba al nombrar D. Quijote las lindezas de su
princesa Dulcinea, cuando decía: “ que en un
lugar cerca del suyo había una moza labradora
de muy buen parecer de quien en un tiempo anduvo
enamorado, aunque se entiende, ella jamás lo supo,
ni le dió cata de ello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y
a esta le pareció ser bien darle título de señora en
sus pensamientos; y buscarle un nombre que no
desdijese mucho del suyo, y que tirase y se
encaminase al de princesa o gran señora, vino a
llamarla Dulcinea del Toboso ….”,
En
el capítulo XIII donde Saavedra da fin al cuento de
la Pastora Marcela con otros sucesos, cuando D.
Quijote relata al caminante el linaje, prosapia y
alcurnia de los del Toboso de la Mancha, “Solo
Sancho Panza pensaba en cuanto su amo decía era
verdad, sabiendo él quien era y habiéndole conocido
(a D Quijote) desde su nacimiento; y en lo que
dudaba algo era en creer aquello de la linda
Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal
princesa había llegado jamás a su noticia, aunque
vivía tan cerca del Toboso”.
Más luego, posteriormente, al aclararle D. Quijote
a Sancho el nombre y linaje de su Sra. Dulcinea,
Sancho relata y confirma conocerla (solo de oídas
por sus hazañas propias de una aldea tan
“circunvecina” del Toboso como era su “lugar” ),
como se ve en el pasaje del Capítulo XXV, cuando D.
Quijote envía a Sancho a su lugar y le revela el
nombre de los padres de Dulcinea: “…tal es el
recato y encerramiento con que sus padres, Lorenzo
Corchuelo, y su madre, Aldonza Nogales, la han
criado.
-¡Ta,ta –dijo Sancho-. ¿Qué la hija de Lorenzo
Corchelo es la señora Dulcinea del Toboso, llamada
por otro nombre Aldonza Lorenzo?
-Esa es –dijo don Quijote-, y es la que merece ser
señora de todo el universo.
-Bien la conozco –dijo Sancho-, y sé decir
que tira tan bien una barra como el más forzudo
zagal de todo el pueblo. ¿Vive el Dador, que es moza
de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que
puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero
andante, o por andar, que la tuviere por señora! ¿Oh
hideputa, qué rejo que tiene, y que voz! Sé decir
que se puso un día encima del campanario del aldea a
llamar unos zagales suyos que andaban en un barbecho
de su padres, y aunque estaban allí más de media
legua, así la oyeron como si estuvieran al pie de la
torre. Y lo mejor que tiene es que no es nada
melindrosa, porque tiene mucho de cortesana…”
De este pasaje del libro se desprende que el
tal “lugar” debe ser ciertamente muy cercano al
Toboso, para que Sancho conociese las hazañas tan
particulares de Dulcinea, algo que deja fuera
otros lugares mucho más apartados, como pretenden
hacer valer como propios, otros estudiosos de la
insigne obra, del deseado “lugar” que Saavedra no
quiso acordarse, como lo son: Esquivias, Argamasilla
de Alba, Argamasilla de Calatrava, Tirteafuera,
Alcázar de San Juan, Villanueva de los infantes y
Santa Maria del Campo Rus.
Por otro lado, y por el propio autor, queda fuera
también Quintanar de la Orden, como se refleja en la
andanza que tuvo D. Quijote en una de sus salidas,
cerca de su “lugar” tuvo a bien D. Quijote
liberar al joven criado de “Juan Haldudo el rico
vecino del Quintanar” (pueblo circunvecino del
Toboso y que cierra el triangulo alrededor del mismo
con Miguel Esteban y Mota del Cuervo).
Después de estas consideraciones, solo los vecinos
de Quintanar, Miguel Esteban y Mota del Cuervo (este
último a solo dos leguas por el rectilíneo “Camino
del Toboso” que enlaza directamente ambos lugares)
tenían la posibilidad real de conocer tan de cerca
los chismes de los vecinos más nombrados, como era
el caso de Aldonza Lorenzo.
Es
inimaginable que en los otros pueblos citados, tan
distantes del Toboso, conocieran las visicitudes de
Aldonza Lorenzo (Dulcinea del Toboso), tan al punto
como Sancho Panza lo cita en la obra.
Pero abundando en la más que posible opción de Mota
del Cuervo, como ese “lugar” del que Saavedra no
quiso acordarse, en el capítulo XXX de su obra,
cuando el cura y el barbero llevaban a su paisano D.
Quijote a su “lugar” con los engaños de la princesa
Micomicona dice:
“-
Si así es –dijo el cura-, por la mitad de mi
pueblo hemos de pasar, y de allí tomará vuestra
merced la derrota de Cartagena, donde podrá
embarcar con la buena ventura; …” ( cuando
venían desde Despeñaperros hacia el citado reino
Micomicón)
Ninguno de los otros lugares que se barajan por los
diferentes estudiosos del Quijote reúnen todas esas
condiciones:
-
Ser
encrucijada de caminos, (y ser uno de ellos directo
a Cartagena, a Valencia, a Toledo, a Córdoba y a
Madrid)
-
Estar a
solo dos leguas del Toboso (desde la sierra de los
Molinos de Mota del Cuervo se divisa fácilmente el
Toboso, y se oye el repicar de las campanas de su
iglesia, se ven sus casas…)
-
Tener un
Convento de padres Trinitarios en el camino entre
Denia y Madrid, donde Saavedra estuvo alojado por
gentileza de su libertador Fray Juan Gil y donde
pudo conocer de primera mano las costumbres de los
lugareños e inspirarse en su obra.
Por todo ello deseo que los Sres. que han
organizado los fastos del 4º Centenario del Quijote
y que se han olvidado de poner en su digno “lugar” a
Mota del Cuervo, tomen ahora en consideración estas
circunstancias y procuren dar más crédito al mejor
estudioso de la obra del Quijote que ha habido en la
historia, D. Luis Astrana Marín que ya abogaba por
Mota del Cuervo como uno de esos posibles lugares
del que yo, como natural de Mota del Cuervo, y por
la misma razón, no quiero acordarme del primer
apellido de Saavedra, en justa compensación a su
deseado olvido.

Autor:
José Manuel González Mujeriego,
en
Mota del Cuervo “El Balcón de la Mancha"
Artículo
publicado en la Revista de la
Asociación de Amigos de los Molinos
Febrero de 2008”
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