BREVE ANÁLISIS CRÍTICO
DEL PENSAMIENTO FEMINISTA.
Iº.- EL PENSAMIENTO FEMINISTA. INTRODUCCIÓN.
Entendemos por “Pensamiento Feminista”, “Feminismo”
o “Movimiento Feminista” el conjunto aspectos
filosóficos, sociales, políticos y familiares cuyo
último fin se sitúa en una efectiva igualdad de los
valores, derechos y expectativas de las mujeres y de
los hombres. Desgraciadamente, como veremos en estas
líneas, es tal la variedad y heterogeneidad de estas
teorías y prácticas que, a la hora de analizarlas,
acaba resultando preferible hablar de “diversos
feminismos”. Todos ellos pueden tener como únicos
puntos comunes la crítica a la desigualdad social de
las mujeres frente a los varones y la exigencia de
la supresión de las configuraciones sociales de
inferioridad de la mujer en relación al varón. Pese
a que en estas líneas se va a hacer un análisis
histórico pormenorizado, el feminismo, ya como
movimiento social, ha sido visibilizado tan sólo
desde finales del siglo XIX, cuando se conciben,
claramente, las desigualdades de derechos
relacionadas con la identidad sexual y ello pone en
marcha una búsqueda del equilibrio de los dos sexos.
Existen infinidad de formas del feminismo, como
teoría, como práctica, como conciencia, como
movimiento social… Simplemente, aquí y por
comodidad, vamos a catalogar dentro del pensamiento
feminista las siguientes categorías;
a)
la del
mundo antiguo y de la Edad Media,
b)
la que
tiene lugar tras las revoluciones burguesas,
c)
el
feminismo marxista y la renovación del feminismo
europeo,
d)
el
feminismo en Norteamérica y
e)
el nuevo
feminismo radical en Europa.
IIº.- EL FEMINISMO EN EL MUNDO ANTIGUO Y LA EDAD
MEDIA.
En
las sociedades del Mundo Antiguo existen datos
fiables relacionados con la existencia de
“Sociedades Matriarcales”, tal es el caso de las
“Amazonas”, referido a comunidades de mujeres que se
organizaban con independencia y sin sometimiento a
los varones. Las Amazonas, cuyo nombre es de origen
griego, aparecen en la mitología clásica como
antiguas naciones formadas por mujeres guerreras que
eran respetadas por la posesión y el uso de armas.
Además, la investigadora Jeaninne Davis-Kimball,
arqueóloga especializada en el sur de Asía,
encontró, en lo que hoy es Rusia, varias sepulturas
de mujeres que guardaban armas y presentaban heridas
causadas por el uso de las mismas; dicho
descubrimiento se publicó, en 1997, en la revista
New Scientist. En esas sociedades los papeles y
roles estaban prescritos y se configuraba en un
esquema en el que destaca:
a)
el
predominio de la mujer y
b)
la
inexistencia de la familia tradicional o patriarcal.
La
historia conocida y acreditada de las mujeres
guerreras o Amazonas tiene su remoto origen
en la batalla de Termodonte (450 ac) cuando los
griegos salieron victoriosos de la misma contra unas
mujeres que fueron hechas prisioneras y llevadas en
los navíos de los vencedores, pero, en alta mar,
ellas se sublevaron y diezmaron a los hombres. El
historiador griego Herodoto
(484 ac-425
ac) las situaba en la región de Ponto (actual
Turquía) y, en el relato de la Guerra de Troya
(siglos XIV a XI ac), se cita a Pentesilea y su
hermana Hipólita junto con Antianira (“la que lucha
como varón”) como reina de las amazonas. Mucho más
tarde, en el siglo XVI, el fraile Fray João dos
Santos habla de una región de Mozambique “…de
mujeres tan varoniles y robustas, que suelen andar
con las armas en las manos, tanto en la caza de las
fieras y animales silvestres, como en las guerras,
que se le presentan, donde muestran esfuerzo y ánimo
más propios de hombres belicosos que de mujeres
débiles...” y, por la misma época, el explorador
español Francisco de Orellana afirma que luchó en el
río Marañón, de Sudamérica, con mujeres guerreras
que le disparaba dardos de cerbatanas y flechas. En
el siglo XVIII, Monsieur de la Condomine constata
que en las riberas del río Amazonas, existen
“mujeres sin marido o mujeres excelentes” de
carácter belicoso. No obstante y a pesar de que se
constata fehacientemente su existencia, en casi todo
el planeta, queda mucho por saber de las Amazonas y
del matriarcado.
Aparte de las “Amazonas”, otros ejemplos de
“feminismo” en la época clásica, podrían ser;
a)
En el
antiguo Egipto aparentemente, las mujeres tenían
similares derechos económicos y legales que los
hombres y, llegaban a ser vistas como heroínas en la
cultura egipcia, según opinión de Meter Piccione,
profesor de la Northwestern University. A la mente
nos viene los nombres de Cleopatra (69ac-30ac), la
médica Peseshet (sobre el 2500 ac), divinidades como
Isis, Heket, Hathor o el hecho de que algunos
faraones ptolemaicos acostumbraran a desposarse con
sus hermanas y otros muchos gobernaran,
conjuntamente, con sus esposas; además, se sabe con
certeza, que el divorcio era una institución
regulada y corriente en el Imperio Egipcio.
b)
En sentido
inverso, no hay ninguna duda de la desigualdad entre
hombres y mujeres en la milenaria China donde el
valor de uno y otro sexo era, y es, abismal; para
acreditar esto, bastará con reproducir el inicio de
un antiguo poema chino que dice; “… ¡Qué triste
es ser una mujer! / Nada en la tierra es considerado
de menor valor...”.
c)
Safo de
Lesbos (650 ac-580 ac) lo más posible es que fuera
una maestra de mujeres, enseñándolas artes y letras
y el hecho de que mantuviera además relaciones
sentimentales con alguna discípula le ha asignado la
condición de pionera del amor entre mujeres y de
ella procede el nombre de esa opción sexual; el
lesbianismo… pero nadie sabe sobre de sus
vindicaciones como mujer
d)
El caso de
Jantipa no es muy conocido, pese a que aparece los
“Diálogos” de Platón (428 ac-347 ac) como una
mujer “insumisa y de mal carácter” y como una
esposa en persistente actitud de rebeldía hacia su
estatus, que tanto Sócrates, su marido, como la
sociedad griega le asignaban, tan sólo por su
condición de mujer.
En el sigo Iº ac y el
siglo Vº dc., en la cultura romana occidental, las
ciudades eran lugares en donde sus habitantes tenían
el derecho de participar en las actividades
políticas en pie de igualdad. Este estatus de
ciudadano exclusivamente lo detentaban aquellos que
poseían un patrimonio doméstico, es decir, el
derecho de disponer sobre esclavos, mujeres y bienes
materiales. Significa esto que la mujer, durante
toda su vida, se hallaba bajo la “potestas”
del varón; primero su padre y más tarde su esposo.
O, dicho en otros términos, la mujer nunca era
ciudadana y, consecuentemente, quedaba descartada
para participar en cualquier actividad pública, que
se constituía en ámbito, exclusivamente, masculino.
Muy similares concepciones dominaron la estructura
del Imperio Bizantino, prolongación del Imperio
Romano en su territorio más oriental y que perduró
hasta el siglo XV de nuestra era.
Con
el final del Imperio Romano Occidental (siglo Vº)
mediante el régimen feudal, en la actual Europa, se
reforzaron los aspectos sexistas discriminatorios de
la sociedad romana. El sistema social conocido como
feudalismo ya se asienta, claramente, en el
patriarcado y éste se fortalece de forma decisiva,
cuando las organizaciones sociales más poderosas,
como la Iglesia Católica, las Monarquías o los
Ejércitos, cohesionan sus fuerzas para intervenir en
la organización social y, sobra decir que, todas
ellas, eran descaradamente masculinas y que esto se
traduce en una autoridad inquebrantable ejercitada
por los varones reconocidos socialmente en la
comunidad como cabeza de una o varias estirpes
nobles, máximos mandos militares o dirigentes de
creencias religiosas.
Por
todo lo expuesto resulta que, en general, desde la
prehistoria tanto la mujer como el hombre han
asumido papeles sociales diferenciados:
a)
en las más
antiguas sociedades, las mujeres casi siempre eran
las que recogían los productos vegetales y
agrícolas, mientras que los hombres suministraban la
carne mediante la caza de animales. A causa de su
conocimiento del mundo vegetal, se ha de suponer que
ellas fueron las que, inicialmente, adquirieron los
conocimientos sobre cuidados médicos, sobre los
ungüentos y los “hechizos”.
b)
En la
llamada Edad Media, la conducta femenina venía
pautada para cada momento y situación de la vida de
la mujer; siempre la edad corresponde a un estado
civil y a una función de acuerdo a ella; o es hija o
es esposa. Hasta entrado el siglo XVIII no hay
modificación esencial alguna
IIIº.- EL FEMINISMO, LAS REVOLUCIONES BURGUESAS Y EL
LIBERALISMO.
A
partir del siglo XVIII las mujeres alcanzaron algo
de protagonismo social fuera del hogar y con cierta
participación activa en el desarrollo de los
movimientos sociales y culturales de la época, si
bien fue un proceso cuya gestación duraría más de
300 años. Ya antes de la Ilustración destacan obras
clave como “Sobre la igualdad de Sexos”
(1673) de François Poulain de la Barre (1647-1723)
escritor francés y precursor de los movimientos de
hombres pro-feministas. que, más por su forma que
por su contenido, podría ser considerada como la
primera obra explícitamente feminista ya que,
directamente, propone la necesidad de una igualdad
de sexos como premisa para una sociedad igualitaria,
establece que hombre y mujeres nacen libres e
iguales y por tanto tienen todos los mismos
derechos.
Sin
embargo, lo más relevante es que, a finales del
siglo XVIII, las mujeres se organizan y reivindican
su identidad, redactan sus propias peticiones
sociales y políticas y se consideran oprimidas por
su condición de mujeres. Así, se van formando
decenas de colectivos de mujeres y centros de
reunión social feministas, cuya máxima expresión
tiene lugar con la redacción de la “Declaración
de los derechos de la mujer y la ciudadana”
(1791) de Olympe de Gouges en la que se denunciaba
el modelo social vigente donde el hombre; “…en la
ignorancia mas crasa, quiere mandar como un déspota
sobre un sexo que recibió todas las facultades
intelectuales…”. Un año más tarde vería la luz
el libro “Vindicación de los derechos de la
mujer” (1792) de Mary Wollstonecraft. Con las
ideas de estos y otros textos se cimentaron algunas
plataformas que darían lugar a las campañas de
igualdad político-social en las décadas posteriores.
Por
otra parte, no olvidemos la importante incidencia
social del “Movimiento Sufragista”, situado entre
los siglos XIX-XX que, en el fondo, constituiría la
corriente de pensamiento más vindicativa y
organizada en el “Movimiento Feminista” si bien
incidió, principalmente, en el aspecto del voto
femenino. Junto al Feminismo vinculado al Sufragio
Universal Femenino surgen grupos de mujeres que
empiezan a organizarse en corrientes de opinión no
sólo feministas sino que, también, interclasistas;
considerando que la opresión de la mujer es un
aspecto reivindicativo relacionado con la “lucha de
clases” que propulsaba la naciente ideología
marxista, sobre la idea de que la opresión de la
mujer no distingue de clases sociales. En él, apelan
a la ley natural y a la razón como fundamentos para
la igualdad social de las mujeres contra todo
prejuicio y tradición.
Esta incidencia de un feminismo interclasista
resultará ambiguo ya que, erráticamente, viene a
considerar que todas las mujeres están oprimidas por
el patriarcado y por su condición sexual e,
incurriendo en cierto desencuentro ideológico,
también por una estructura capitalista de la
Sociedad decimonónica. No olvidemos que, hacia el
siglo XIX, las funciones sociales tradicionales de
las mujeres de las clases medias se limitaban a las
tareas domésticas, sin acceso a un puesto de trabajo
remunerado y, por el contrario, para las mujeres de
clases sociales bajas el trabajo era un codiciado
objetivo.
IVº.- EL FEMINISMO MARXISTA Y EL NUEVO FEMINISMO
EUROPEO.
Desde una línea muy
próxima a la descrita surgen diferentes corrientes
del movimiento obrero que incluyen las
reivindicaciones feministas como parte de su ideario
político y, desde entonces, una gran cantidad de
militantes feministas saldrán de los diferentes
Partidos Comunistas y Socialistas. Sin embargo,
resulta más que interesante constatar que los
primeros ideólogos del movimiento obrero alimentaran
unos criterios tan incoherentes como inaceptables
respecto a los derechos femeninos. Ferdinand Lasalle
(1825-1864) mantenía, rotundamente, que una mujer
igual en derechos a un hombre significaría “…el
fin de la institución del matrimonio, la muerte del
amor y la ruina de la raza humana…”; para
Pierre-Joseph Proudhon (1809-1864) incluso las cosas
estaban, todavía, más claras: “…no hay otra
alternativa para las mujeres que la de ser amas de
casa o furcias…”. Con escasa convicción y con
menos resultados Karl Marx (1818-1883), Friedrich
Engels (1820-1895) y August Bebel (1840-1913)
abordaron, de forma casi incidental, “la cuestión
de la mujer” como, literalmente, decía Karl Marx
para referirse a la “liberación de la mujer”. Engels
en su libro “El origen de la familia, la
propiedad privada y el Estado” (1884) equiparaba
la dominación de clase con la dominación de la mujer
por el hombre. Sin embargo para él, como para Marx,
la emancipación de la mujer no se constituía como un
objetivo prioritario ni principal y consideraban que
sólo se haría realidad tras una revolución
socialista que liquidara el capitalismo. En
consecuencia, la lucha de las mujeres debía
subordinarse o, como mucho ir unida, a la lucha de
clases. Por su parte, los fundadores del socialismo
científico entendían que la base fundamental de la
emancipación femenina era su independencia económica
frente al hombre, valorando esto, sutilmente, como
una “conquista”, pero nunca como un Derecho
Fundamental.
El primitivo feminismo
marxista se fundamenta en los confusos ideales
igualitarios e integradores de Saint Simón, Owen,
Engels, Marx, Bakunín… pero, sobre todo, en las
ideas de Auguste Bebel (1840-1913) que, con su libro
“La mujer y el socialismo” sí que efectúa la
inclusión de las reivindicaciones femeninas como
elemento destacado del marxismo. Sin embargo, las
bases de esta concepción feminista del marxismo
darán sus frutos cuando la militante socialista
alemana Clara Zetkin (1857-1933), directora de la
revista “Igualdad” organiza una cumbre, en
1907, de militantes feministas mundial, bajo el
nombre de la “Conferencia Internacional de
Mujeres”.
En cierto modo, el
pensamiento marxista, desgraciadamente, va a
provocar que las ideas feministas tengan dos
vertientes, dos frentes abiertos; el burgués y el
obrero, poco comunicados pero con similares
objetivos. La situación para la efectiva
consolidación de la Igualdad de Sexos y la
Liberación de la Mujer, desde una u otra opción, era
óptima, pero, desgraciadamente, el feminismo sufre
un periodo, no de recesión, pero sí de cierta
paralización o estancamiento; a partir de la Primera
Guerra Mundial y con las guerras que castigan al
Mundo Occidental, durante casi 40 años seguidos,
ocurrió que la cuestión del feminismo, tan errónea
como desgraciadamente, pasara a un segundo plano. En
definitiva, lo conseguido hasta entonces, como el
logro del derecho a voto, la aparente igualdad de
derechos sociales de mujeres y hombre y la
organización de movimientos feministas en todo el
mundo se desaceleran, estancan o se difuminan.
A mediados de los años
60 del siglo XX se reactivarán de nuevo las
reivindicaciones de la Mujer, ahora con cierto
acento radical; en ese momento aparece una figura
clave del feminismo internacional; Simone de
Beauvoir (1908-1986) nacida en una familia burguesa
parisina licenciada en filosofía por la Sorbona.
Beauvoir, muy prolífica escritora, se interesa
específicamente por la cuestión del feminismo y de
los derechos de la mujer que, para ella, aun no
habían trascendido a la realidad; esta es la tesis
que mantiene en su obra más célebre, “El segundo
sexo” escrita en 1949. En él se estudia la
historia de la mujer, la situación en que se
encuentra y las estrategias que les pueden
proporcionar sus legítimos derechos. Este libro va a
ser una de las obras filosóficas más importantes del
siglo XX y que será el punto de partida de un nuevo
feminismo combativo. Para Beauvoir el estereotipo de
“mujer” (coqueta, frívola, caprichosa, tonta...),
que se da en la sociedad actual, es consecuencia de
una construcción cultural que tiene sus raíces en el
patriarcado y que se ha consolidado a lo largo de la
historia. Sostiene que las mujeres nunca han
disfrutado de una identidad propia y autónoma. En la
segunda mitad del siglo XX el nuevo objetivo de las
mujeres es alcanzar precisamente esa identidad
propia acabando con las discriminaciones de toda
sociedad patriarcal y configurando la categoría de
mujer como elemento autónomo del conjunto social.
Esta modificación del objetivo feminista es,
evidentemente, fruto de su propia radicalización.
Vº.- EL FEMINISMO EN
AMÉRICA.
Por otra parte, las
ideas feministas arraigaron en América donde
cobraron un amplio protagonismo, básicamente en
Estados Unidos y Canadá. Como precedente de esto
destaca la “Declaración de Séneca Falls”
(1848) en Nueva York, considerado como un texto
clave del movimiento feminista anglosajón. Todo ello
se verá reforzado a través de los escritos del
liberal John Stuart Mill (1806-1873) que escribe
“La sujeción de las mujeres”, donde se defiende
abiertamente el derecho de voto femenino en el
Parlamento Británico. Todas estas campañas a favor
del derecho a voto y la igualdad política obtendrán
resultados tras decenios, en la mayoría de casos en
el primer tercio del siglo XX donde ya la mayor
parte de países aceptan y reconocen el derecho a
voto de la mujer.
En paralelo a los
procesos europeos, en los Estados Unidos de América
fue fundada en 1966, por Betty Friedan
(1921-2006) autora del magnífico texto “El
feminismo místico”, en 1963, la “National
Organization for Women” (NOW) una de las
asociaciones más significativas de la Nación que
cuenta con 500.000 miembros y cerca de 500 secciones
en todo Estados Unidos. Durante los años 70, NOW
será una de las principales promotoras de las
campañas de igualdad de derechos que estimulan a
muchas mujeres a “una completa participación en
todos los aspectos de la sociedad americana,
ejerciendo todos los privilegios y responsabilidades
en colaboración con los hombres”. Por otro lado,
establecen un posicionamiento “contra toda
opresión, reconociendo que el racismo, sexismo y
homofobia están interrelacionados, junto con otras
formas de opresión como el clasismo, que junto con
las anteriores buscan mantener el privilegio y el
poder concentrados en manos de unos pocos”.
Inicialmente se mantuvo en una línea moderada pero,
lamentablemente, ya desde 1970, se van produciendo
repetidas escisiones dentro de la NOW hacia posturas
mucho más radicales y relacionadas directamente con
los movimientos de la izquierda social, surgiendo,
en la práctica, una oposición interna al movimiento
mayoritario y liberal de NOW. Es destacable la lucha
que NOW protagonizó en 1995 cuando la organización
vota contra la Enmienda de Igualdad de Derechos al
entender que la igualdad de derechos bajo esa ley
queda garantizada. Como respuesta, NOW redacta su
propio texto; la “Enmienda de Igualdad
Constitucional” (CEA), reclamando el aborto,
lesbianismo... de contenido mucho más radical. A
pesar de ello, tal enmienda nunca llegó a ser tenida
en cuenta. Tres de las más transcendentes feministas
estadounidenses contemporáneas son Nancy Fraser y
Judith Butler y Seyla Benhabib.
Por aquellos años surge,
(y no sólo en Norteamérica), la llamada “Nueva
Izquierda”, relacionada con los movimientos
sociales en ese momento en auge, como el pacifismo o
el movimiento estudiantil; recordemos que, al
tiempo, tiene lugar el Mayo del 68 francés y la
guerra de Vietnam americana. La línea común de todos
ellos es su afirmación radical y contraria a todo
uso reformista de la política como método para
reivindicar sus postulados. Como una consecuencia de
la Nueva Izquierda, dentro del feminismo, emergerá
una nueva corriente feminista; “El
Movimiento de Liberación de la Mujer” articulada
de forma autónoma, y separada de los varones y del
reformismo político. Desde entonces se
diferenciarían las “feministas autenticas”
enfrentadas a las “feministas políticas” de NOW que
prefieren recurrir a los métodos del sistema
establecido para la conquista de sus derechos.
El resultado es nefasto
ya que “feministas auténticas” y “feministas
políticas” centran sus esfuerzos, aproximadamente a
partir del año 1975, en un estéril enfrentamiento
por la dirección del movimiento feminista
internacional. Para las “feministas políticas” el
problema de la opresión de la mujer radica en el
sistema capitalista, y por ello debían situarse
siempre dentro de la izquierda política. Las
“feministas no políticas”, por el contrario,
rechazan esta unión con el socialismo o el comunismo
y se constituyen como un movimiento autónomo propio
y exclusivo de las mujeres de corte radical contra
la dominación de los hombres. Estos duros e
interminables debates caracterizaron el desarrollo
del feminismo en la sociedad americana y europea
entre los años 1970 y 1980 y, en definitiva, se
estaban hundiendo todas las iniciativas de
renovación feminista que habían surgido años antes.
Al final el feminismo radical o, simplemente, el
feminismo acabaría desarrollándose, de modo más
trascendente, en los ambientes sociales
políticamente más comprometidos, con una
fundamentación a través de dos obras básicas,
“Política sexual” de Kate Millet (1934) y “La
dialéctica de la sexualidad” de Shulamith
Firestone, (1945), ambas escritas en 1970. La lucha
por la igualdad o por la liberación de la mujer se
dislocará cuando surgen tendencias todavía más
radicales dentro del feminismo, resaltando una
desigualdad y rechazo a lo masculino animando
asimismo el “affidamento” o el fomento de la
superioridad y autoridad de la mujer en la sociedad,
impulsando, incluso, el lesbianismo.
VIº.- EL FEMINISMO
RADICAL EUROPEO.
Fruto de estas nuevas
corrientes radicalizadas del feminismo americano es
la aparición, en diversos puntos de Europa, de
grupos como “Psychanalyse et Politique” en
Francia, que lidera el feminismo radical francés al
tiempo que critica, encolerizadamente, al feminismo
moderado o al que, tan solo, fomenta la igualdad
entre sexos, algo que estas feministas radicales
consideran reformista y colaboracionista con la
explotación de la mujer y que no evita, en lo más
mínimo, la continuación de la dominación y opresión
masculina. En idéntica línea, está el caso del
feminismo radical italiano, cuya formulación se
encuentra en manifiestos como “Rivolta femminile”
o “Escupamos sobre Hegel” ambos cercanos al
grupo feminista italiano DEMAU (Demistificazione
Autoritarismo Patriarcale) surgido en 1970. En
realidad, las abiertas divisiones y los estériles
debates internos acabaron por quitar importancia a
algo esencial; la Igualdad de la Mujer en la
Sociedad Actual.
Al final resulta que,
lamentablemente, el primer “feminismo marxista”
deviene en una corriente de la teoría feminista que
defiende la abolición del capitalismo y la
implantación del socialismo como el exclusivo camino
de liberación de las mujeres y, por el contrario, el
llamado “feminismo radical”, sostiene que la única
forma para acabar con la opresión de la mujer es
reemplazar el patriarcado por una estructura
cultural basada en la igualdad de género.
Lógicamente, embutidas en tales debates, las
feministas van perdiendo su peso y su influencia en
la sociedad. Y así hablamos de la primera, la
segunda, la tercera… ola del feminismo. Como si éste
no fuera un planteamiento común y universal para
todas las mujeres. En los años 80, surgen nuevas
tendencias dentro de este feminismo como es la
creación en 1981 de la revista “Nouvelles
Questions Feministes” por parte de Simone de
Beauvoir que difunde las reflexiones teóricas de los
movimientos feministas radicales de todo el mundo y
se posiciona junto con los primeros movimientos de
liberación de los años 70, cuyo espíritu recupera.
La revista trabaja para eliminar la diferencia de
sexos existente en la sociedad y contra el sistema
patriarcal en pro de una sociedad igualitaria.
VIIº.- CONCLUSIONES.
Escuetamente, y de forma lamentable, hemos de
deducir en que muy poco se ha avanzado del siglo
XVIII al XXI, de forma efectiva y consecuente, en la
modificación de la concepción de la estructura
social patriarcal. A modo de conclusiones podemos
hacer las siguientes puntualizaciones;
1º.- No cabe duda alguna del errático desarrollo del
pensamiento feminista ya que, a diferencia de otros
movimientos sociales o corrientes de opinión, nunca
ha tenido una única o una predominante tendencia ni
una protagonista que liderase su paso por la
historia.
2º.- Es de destacar que dentro de los diferentes
“pensamientos feministas” es muy difícil encontrar
un mismo objetivo para la totalidad ya que se
alcanzan diferencias tales como la igualdad laboral
para algunas y como la separación de sexos y el
lesbianismo como finalidad aceptable para otras.
3º.- Es lamentable tener que reconocer que, en
demasiadas ocasiones, se ha planteado el “machismo”,
la discriminación, la carencia de oportunidades, la
falta de igualdad entre sexos como las causas de la
actual situación de la mujer y que en pocos
planteamientos se considere el Patriarcado como el
auténtico origen de tal situación.
4º.- Por el contrario, hay que felicitarse en el
sentido de que la “visibilización” de los
planteamientos feministas y la precaria situación de
los Derechos de la Mujer va a constituir, a muy
corto plazo, la mejor herramienta capaz de eliminar
la discriminación y el patriarcado como procesos o
estructuras que impiden a las mujeres su pleno
desarrollo como personas y ciudadanas.
RAMÓN MACIÁ GÓMEZ
Magistrado Jubilado
18 Enero de 2010
themis@ramonmacia.com
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