En la actualidad
hablar de reformas educativas es hablar de recuperar la calidad de la
enseñanza, o por lo menos así lo entendemos en Educación y Gestión. Por
eso, no comprenderemos que se pidan a la comunidad educativa esfuerzos
de adaptación con otros intereses.
La reciente encuesta
realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OCDE) a 250.000 estudiantes de 32 países, refleja que los
alumnos españoles están entre los que menos saben de literatura,
matemáticas y ciencias. Estos datos, entre otros, vienen a confirmar la
evidencia, y a avalar la necesidad de afrontar las reformas oportunas.
Desde Educación y
Gestión hemos valorado positivamente que el equipo de la ministra de
Educación, Pilar del Castillo, haya tomado la iniciativa de corregir
aquellos aspectos que no están funcionando bien en el sistema educativo,
y hemos mostrado nuestro apoyo en numerosas ocasiones. Ahora esperamos que
no nos defrauden, y que las reformas que se están elaborando sean un
acierto y sirvan para invertir los datos del estudio de la OCDE.
No obstante,
consideramos que la calidad del sistema educativo hay que entenderla de
manera global, y que no puede centrarse únicamente en unos buenos
resultados académicos. Aunque nos situáramos en los primeros puestos de
esa "lista de países que enseñan mejor", según propone la
OCDE, no habríamos avanzado nada si no se tiene en cuenta que las
reformas tienen que ir también encaminadas a recuperar valores
tradicionales. Es necesario ofrecer una educación en valores
instrumentales como la disciplina, la responsabilidad o la constancia, hoy
prácticamente olvidados entre los jóvenes del siglo XXI.
El nuevo sistema
educativo español que se dibuje tras las reformas educativas previstas
por el Ministerio de Educación tendrá que dar respuesta a las nuevas
demandas que exige la sociedad. Entre ellas ocupan lugar prioritario todo
lo referente a la integración de minorías étnicas o a la irrupción de
las nuevas tecnologías, aunque sin olvidar cuestiones como el fracaso
escolar, la desmotivación del profesorado o la falta de credibilidad de
la sociedad hacia todo lo educativo.
En cualquier caso,
entendemos que para afrontar estos aspectos los responsables educativos
deben ser enormemente creativos y, ante todo, tener valentía política
para asumir el coste de desgaste que conlleva.
En cuanto a la
futura Ley de Calidad, EyG considera que debe afianzar la formación
integral, y los valores morales y éticos. Asimismo, debería servir para
reconducir la descentralización autonómica en materia de educación. Los
costos de este modelo se han disparado y, lo que es más grave, las
posibilidades de las distintas comunidades autónomas no son las mismas.
Si esta situación está generando desigualdad de oportunidades la nueva
ley debe poner los "retoques" necesarios para que no se sigan
produciendo.
Para nuestra oferta
de enseñanza privada, la Ley de Calidad debería además garantizar la
libertad de elección de centro, de tal manera que no se vea condicionada
por el nivel socioeconómico de quienes optan por este tipo de enseñanza.
En nuestros centros hemos optado por atender en las aulas a todo tipo de
familias que acepten nuestra propuesta educativa, pero esta vía no será
posible, ni se podrá garantizar en condiciones suficientes de calidad, si
no se dota de los medios económicos necesarios.
Estamos convencidos
de que los conciertos en la Educación Infantil y en el Bachillerato son
determinantes y ayudarán mucho a corregir estas injustas desigualdades
sociales. Por ello, entendemos que la nueva ley debería dar una
tratamiento de "básica y gratuita" a la enseñanza que tiene
lugar entre los 3 y los 18 años.
Llevamos años
demandando que se cuantifique el costo real del puesto escolar y, en un
momento en el que se van a tomar importantes reformas, sería una buena
oportunidad para realizar un estudio en este sentido, con objeto de que
posteriormente se habiliten las correspondientes partidas presupuestarias
que garanticen la igualdad de oportunidades en la elección de centro.
En cuanto a la
Formación Profesional, Educación y Gestión considera urgente convertir
estos estudios en una opción válida para todos los alumnos, y en
estrecha vinculación con la empresa.
En el terreno
universitario, entendemos que la Ley Orgánica de Universidades (LOU)
tiene como positivo la supresión de la Selectividad o la nueva
composición de los tribunales de selección. Asimismo, consideramos que
la LOU debe mantener la autonomía de las universidades privadas y que se
continúen exigiendo los requisitos que garanticen que el título final
tiene garantías y rigor científico.
Desde EyG, no
obstante, valoramos negativamente que se aprovechen las manifestaciones
contra esta ley universitaria para atacar a la enseñanza privada. En
cualquier caso, esperamos que las reformas educativas previstas por el
Gobierno sirvan para que no tengamos que volver a hablar de recuperar la
calidad de la enseñanza. Para ello, será necesario que no se escatimen
esfuerzos, que haya un presupuesto suficiente y que se busque el consenso
con la comunidad educativa.
Néstor Ferrera
Presidente de
Educación y Gestión
Madrid